Término o permanente: la primera decisión
Casi todo lo que se vende cae en una de estas dos familias, y la diferencia entre ellas no es el precio: es cuánto tiempo dura la protección.
- Término. Cubre un plazo fijo, normalmente de diez, veinte o treinta años. Si falleces dentro del plazo, tu familia cobra. Si el plazo termina y sigues aquí, la póliza se acaba y no hay devolución. Es la más económica por cada dólar de cobertura.
- Permanente. No tiene fecha de vencimiento mientras la pagues, y una parte de lo que aportas se acumula en un valor en efectivo al que puedes acceder en vida. Cuesta bastante más por el mismo monto de cobertura.
No hay una que sea mejor en abstracto. La pregunta correcta es durante cuántos años alguien va a depender de tu ingreso: si son los que faltan para que tus hijos terminen de estudiar y para terminar la hipoteca, un término bien calculado hace ese trabajo por mucho menos dinero.
La trampa más común
Comparar el precio de un término con el de una permanente y quedarte con que una es cara y otra barata. No están haciendo lo mismo. Es como comparar alquilar con comprar: la respuesta depende de cuánto tiempo te vas a quedar.
Cuánta cobertura hace falta de verdad
El monto no sale de una intuición ni de lo que ofrezca la publicidad. Sale de una suma sencilla que puedes hacer en dos minutos.
- Ingreso a reemplazar. Lo que ganas al año por los años que quieres dejar cubiertos. Suele ser hasta que el hijo menor sea independiente.
- Deudas. Hipoteca, préstamos del carro, tarjetas. Todo lo que no quieres que nadie tenga que seguir pagando.
- Gastos finales. El funeral y los gastos inmediatos, que en Estados Unidos no son una cifra pequeña.
- Lo que ya tienes. Réstale el seguro del trabajo y cualquier póliza que ya esté en marcha.
El error del seguro del trabajo
Muchas pólizas de empleo cubren una o dos veces tu salario anual, lo que suena bien hasta que lo comparas con una hipoteca. Y casi siempre se quedan en la empresa cuando te vas. Contar con ella como si fuera tu plan es el descuido que más veo.
Qué preguntan y por qué la salud importa tanto
El precio de una póliza de vida se fija según el riesgo, y ese riesgo se mide con tres cosas: tu edad, tu salud y tus hábitos. Nada más.
- La edad manda. Cada año que esperas, la prima sube. No por castigo: es aritmética. La póliza más barata que vas a ver en tu vida es la de hoy.
- El examen médico. Muchas pólizas lo piden, aunque cada vez hay más opciones sin examen o con emisión simplificada, a cambio de una prima algo mayor o un monto máximo más bajo.
- Decir la verdad. Ocultar una condición o el consumo de tabaco puede dar lugar a que la aseguradora niegue el reclamo justo cuando tu familia lo necesita. Nunca compensa.
Si te han dicho que no
Una negativa de una aseguradora no cierra la puerta. Cada una valora las condiciones de salud con su propio criterio, y existen productos de emisión garantizada pensados justo para estos casos. Cuéntamelo y buscamos por otro lado.
Beneficiarios, gastos finales y lo que pasa después
La parte que menos se explica y la que de verdad decide si el dinero llega rápido o se queda meses en trámites.
- El beneficiario. Es quien cobra. Se nombra al contratar y se puede cambiar. Conviene nombrar también un beneficiario secundario, por si el primero falta.
- Mantenlo al día. Un divorcio, un nacimiento o un fallecimiento cambian a quién quieres dejar el dinero, y la póliza no se entera sola.
- Gastos finales. Son pólizas de monto pequeño, pensadas para el funeral y lo inmediato, con requisitos de salud más simples. Sirven para eso, no para reemplazar un ingreso.
Díselo a quien va a cobrar
Una póliza que nadie sabe que existe no ayuda a nadie. Dile a tu beneficiario que la tienes, con qué compañía está y dónde guardas el documento. Es gratis y evita el peor de los desenlaces.